Pienso que antes era más emocionante descubrir cosas nuevas, encontrabas un disco de cualquier grupo y lo escuchabas hasta la saciedad y mientras, entre audición y audición tenías tiempo de leerte esos dos cómics que habías encontrado con sangre, sudor y lágrimas, ver una película que emitían de casualidad y jugar a la última novedad de tu videoconsola.
Ahora son toneladas de información , no estoy en contra de ello, pero creo que antes se le sacaba más partido a las cosas y se disfrutaban más. Al final es un consumismo brutal que no conduce a nada.
Prefiero una buena colección de
Los Vengadores que las casi diez que sacan actualmente, o escuchar aquella cinta que ver todos los discos por
internet, para eso hace falta mucho tiempo, y yo no lo tengo.
Digo esto porque me viene al caso del comic que hoy nos ocupa, éste lo descubrí mientras leía mis dos o tres cómics del mes, concretamente cuando terminaba el último ejemplar publicado de
Alita, Angel de combate, al ver la página de novedades de ese mes y lo vi allí agazapado esperando pacientemente a mi llegada, como siempre tardía. Yo creo que ya iban por el tercer o cuarto número.
Lo que me llamó la atención fueron los autores y la introducción de la edición de
Planeta, la cual paso a reproducir tal cual fue:
"Atención: El ministerio de cultura y la dirección general de revisión de cómics advierten a todos los lectores de que el consumo de Strain puede ser perjudicial para aquellos que tengan poco estómago"
Lógicamente, la advertencia solo sirvió para ponerme más ganas, y más si está escrita por
Yoshiyuki Okamura, que también firma como
Sho Fumimura o
Buronson, autor de, entre otras,
El puño de la estrella del norte y
Santuario, esta última junta al dibujante de
Strain,
Ryoichi Ikegami, que ha trabajado también en
Crying Freeman,
Lady Snowblood o
Ryugetsusho. Todas ellas altamente recomendables excepto esta última, no me acabó de convencer.
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